Cómo mejorar tu capacidad de expresión

Cómo mejorar tu capacidad de expresión

La gran paradoja es que a pesar de que la usamos todos los días, la voz sigue siendo nuestra gran desconocida. Únicamente somos conscientes de su importancia cuando nos da problemas: si nos quedamos afónicos, si chillamos demasiado, cuando no nos sale a la hora del examen oral. Parece que los únicos que tienen la necesidad de cuidarla son los que viven de ella por su profesión.

Pero no es así. Todos la necesitamos. No importa a lo que te dediques, qué voz tienes y cómo la usas es muy importante, tan importante como lo es para un cantante de ópera. Está claro que si utilizas tu voz como herramienta de trabajo, si eres profesor, actor, cantante o teleoperador, dependes de tu voz y tienes que invertir tiempo y esfuerzo en mantenerla lo mejor posible. Sin embargo, casi nadie piensa en la voz, y mucho menos se plantea el dedicarle un tiempo para mejorarla o sacarle el máximo partido. Aquí os vamos a dar las claves para “cómo mejorar tu capacidad de expresión“:

 

1. Mejora la calidad de tu voz

Mejorar tu voz es mejorar tu imagen
La voz es muy importante porque, para empezar, contribuye a la primera impresión que los demás tienen de nosotros. Cuando conocemos a alguien, en los primeros segundos de escuchar nuestra voz la otra persona se forma su imagen mental de cómo somos: si somos inteligentes, agradables, incluso si nos merecemos que nos sigan escuchando. Cuando hablamos, el sonido de nuestra voz provoca emociones, sentimientos y hasta reacciones viscerales en los demás. Algunas de estas emociones son conscientes y otras no, pero son las responsables de que le gustemos o no a la gente, confíen o no en nosotros, o nos vuelvan a contratar, por ejemplo.

La Dra. Lillian Glass hizo un estudio fascinante sobre cómo la voz afecta al atractivo que transmitimos. Lo que hizo fue juntar fotografías de personas atractivas, normales y con deformidades faciales con muestras de voz grabadas que eran normales, nasales y muy nasales. Después de analizar las reacciones de los sujetos a las diferentes combinaciones de caras y voces, resultó que los rostros más deformados se consideraban más atractivos si tenían una voz agradable. Y al revés, las caras atractivas lo eran mucho menos si tenían una voz muy nasal. Esto nos demuestra no sólo que la gente nos juzga por cómo hablamos, sino también que podemos, de hecho, mejorar nuestra apariencia simplemente mejorando el sonido de nuestra voz.

En mis talleres y cursos de locución realizo al inicio un diagnóstico inicial de tu voz en base a una serie de parámetros, y tratamos de forma individual los problemas que puedas tener relacionados con la calidad de tu voz mediante ejercicios pensados para ti.

 

2. Mejora tu forma de hablar

Además de la calidad de tu voz, la forma en la que te expresas también produce una imagen mental en quien te escucha. ¿Tienes una voz débil o con poco volumen? Probablemente los demás te etiqueten como una persona tímida, aunque tú no lo seas. ¿Tienes una voz chillona, o con un tono agudo? Quizás te consideran una persona estridente, rebelde, inconformista o “protestona”, aunque no tengas esa intención. ¿Hablas demasiado rápido de forma habitual? A lo mejor, por ese exceso de velocidad, los demás tienden a pensar que eres una persona impulsiva y atolondrada (y, en definitiva, menos digna de confianza). Ser consciente de estos aspectos y mejorarlos puede hacer milagros en la imagen que los demás tienen de ti.

Las experiencias que relatan mis alumnos después de tomar conciencia de estos aspectos, practicarlos en clase y llevarlos a su vida diaria son muy claras: el cambio realmente se percibe.

 

3. Mejora tu dicción

La mala dicción no es un problema únicamente del ambiente de los negocios, o de una región del país en concreto. El castellano está deteriorándose rápidamente, y los que deberían dar ejemplo (por exposición pública, los medios de comunicación; por tiempo de pantalla, los políticos o los deportistas) no están a la altura. Y esto se ha convertido en normal, lamentablemente, en el mundo en que vivimos. A los que no dependen de la comunicación para el ejercicio de su profesión, como algunos deportistas, que en sus ruedas de prensa o anuncios publicitarios nos ponen la piel de gallina, no vamos a pedirles más. A los políticos sí deberíamos, ya que teóricamente dependen de su capacidad de convencer y transmitir sus ideas para continuar en el escaño. Sin entrar en ideologías ni analizar el contenido de sus discursos, no es de recibo que un portavoz de gobierno, es decir, el elegido para ser la voz oficial, se despache con los resultados de las elecciones afirmando que “con el 30% de los votos escrutaos, el partido X obtiene 30 diputaos”.

Las facultades de comunicación audiovisual o periodismo no suelen dar demasiadas clases de dicción a los futuros periodistas, si es que se da alguna. Los que eligen la rama audiovisual tendrán solo, con suerte, algunas prácticas en radio o televisión. Así se lanzan luego al ruedo profesional, dándoseles la buena dicción por supuesta, como el valor al torero, y salen corneados.

Ya quedan pocos actores de teatro clásicos con esas voces que ponen los pelos de punta. Y salvo honrosas excepciones, parece que la tendencia preponderante en series de televisión o cine español es que se hable natural, vamos, que no se entienda palabra de lo que dicen.

 

Y el resto del nosotros… pues no nos esforzamos en pronunciar, no abrimos la boca lo suficiente, nos comemos los finales, a veces los principios de las palabras, resultamos monótonos…

Mejorar tu dicción con nuestros talleres y cursos de locución hará que te destaques del resto.

Y eso no es todo: hay más cosas a tener en cuenta: mejorar tu conexión emocional con el texto, mejorar tu postura, y también la forma y la organización del contenido, es decir, de la idea que quieres transmitir. Pero de eso hablaremos en otro post.

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